Nosotros llegamos tarde y todos como buenos suizos ya habían almorzado así que mis papis, después de darme mi papilla, se sentaron a la mesa a comer mientras los demás ya estaban en el bajativo: un buen pisco.
Para mi en especial fue una tarde muy divertida. Hubo muchos niñitos y yo quería jugar con ellos. Sólo Verena, quién estaba con fiebre, no jugó mucho.

Susana, la amiga chilena de la tîa Kella, no dudô en sentarse sobre la alfombra y hacer alboroto como nosotros. Me reî tanto que por poquito y me daba hipo.
Fue un dîa distinto. Hace mâs de un mes, desde que regresê de Lima, que no veîa a tantas personas juntas y hablando al mismo tiempo. Ojalâ pronto pueda viajar para enseñarle a mis abuelitos, a mis tíos y mis primitos que rápido gateo y cómo me paro solito.
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